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CALS

Fórmulas para prevenir las micotoxinas en las nueces

14 enero, 2019

Su presencia lleva a perder calidad y, en muchos casos, a no poder comercializar la nuez. Evitarlas implica tomar medidas en el huerto, la cosecha y el secado.

Las micotoxinas en los alimentos son un elemento de alto riesgo para la salud humana. Y las nueces no están exentas del problema, lo que lleva a que, si bien en el país no se han presentado casos, en el rubro se busque siempre prevenir.

En nueces se pueden encontrar aflatoxina B1 y ocratoxina A, dos micotoxinas que pueden provocar diversas enfermedades, y que son incoloras, inodoras y que no pierden toxicidad con la pasteurización.

“El mayor riesgo para la salud viene dado por el consumo durante mucho tiempo de alimentos contaminados con pequeñas cantidades de micotoxinas; es decir, por una exposición crónica”, explica Claudia Foerster, doctora en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias, académica de la U. B. O’Higgins y colaboradora del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (ACCDiS).

Para evitar su presencia la recomendación es hacer un adecuado manejo en el huerto, mediante el riego, entrega de nutrientes en las cantidades y fechas que corresponden y con control de malezas, ya que, como explica Jean Paul Joublan, experto en frutos secos, con esto se disminuye la posibilidad de que los hongos responsables de la producción de aflatoxina B1 y ocratoxina A afecten al fruto.

Otro momento clave es la cosecha, en la que es esencial acotar al máximo el tiempo que la fruta está en el suelo, para evitar que las condiciones ambientales que se dan en este, como humedad e insectos, favorezcan su aparición, plantea Giovanni Lobos, investigador de INIA Intihuasi. Por ello Lobos recomienda que las labores de cosecha, secado y almacenaje se programen para que cada proceso sea realizado en el menor tiempo posible.

El consejo es que el secado de la nuez debe ser rápido, con el fin de que la fruta llegue a una humedad de alrededor de 8% en un plazo de no más de 72 horas desde la cosecha. También resulta fundamental que las bodegas o espacios escogidos por el productor registren una humedad relativa bajo 70% y temperaturas que oscilen entre 0 °C y 10 °C.

Además, las instalaciones deberán estar bien ventiladas, protegidas de la lluvia y de la entrada de roedores, pájaros e insectos, disponiendo además de un sistema de drenaje del agua del suelo.

70% de humedad relativa, como máximo, deben tener las bodegas.

Fuente: Revista El Campo


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